Estábamos en un hueco subterráneo, bajo las sedas azules del mar. Las olas rugían al morir con la costa. Golpes abruptos se difuminaban con los chasquidos de las gotas saltarinas. Cierro los ojos y viajo.
El viento besaba mis mejillas, mientras una rama me balanzeaba en lo infinito del verde. Cierro los ojos y vuelo.
En mi lengua baila un sabor dulce, meciéndose, para la izquierda... Para la derecha. Mis ojos apenas veían, pero mis pupilas corrían por la pradera.
Al caer las doce, monte en mi estrella, blanca, con destellos plateados, volando en el abismo del tiempo. Los truenos giraban alrededor de mis alas. Cierro los ojos y me despierto.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Olas voladoras
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