sábado, 16 de mayo de 2015
51 naranjas
Las personas incompatibles pueden llegar a coincidir en tiempo y espacio. Los polos opuestos se hallaban bailando en un metro cuadrado bastante próximo y considerable.
>> Tenías una camisa a cuadros que quisiera quemar en lo posible, y en el planeta tierra sos y serás el peor bailarín que se podría pedir, aún así no podía ignorar el hecho de que algo más allá de lo físico me atraía. Una conexión magnética e invisible, casi palpable de hecho. Sabía que nunca ibas a dar el primer paso, o tal vez soy tan ansiosa que lo quise dar yo... ¿o fue mutuo?. No lo sé, porque aunque no tomé demasiado, varios recuerdos se encuentran ensimismados. Mi memoria no funciona tan bien como antes, sin embargo hay un recuerdo que te conté, pero para llegar al hecho, primero tengo que seguir con nuestra secuencia.
Nos besamos, te bese, me besaste. Sé que cuando pasó no podía despegarme de tus labios. Sé que tenía más ganas de encontrarme recostada sobre tu torso, que escuchar la música industrializada de ahora. Nos fuimos ¿cómo?. Tampoco lo sé. Sé que caminamos a la salida y minutos antes de atravesar el umbral, una compañera no tan compañera se río y me dijo "¿te vas con el chabón?" (juraría que por un momento sentí vergüenza). "Con las manos en la masa" - pense.
>> Pasamos al lado de un taxi y dijiste de tomar uno. "No tengo plata" te respondí, "no importa", me contestaste. Nos subimos, y le diste tu dirección al chofer. De repente mi corazón comenzó a palpitar con más intensidad ¿acaso estaba yendo a la casa de un hombre a la madrugada?. Nunca lo había hecho, tampoco me negué desde un principio. En realidad quería, aunque tenía la perfecta excusa de que vivimos a dos cuadras, lo cual sigo deliberando si es suerte o no.
Recuerdo que la última vez que me subí a un taxi con un hombre, fue con mi primer amor de la adolescencia. La escena era realmente similar. >> Ambos luego de una noche de alcohol se encuentran en un auto ajeno dirigiéndose a una dirección que poco importa. En realidad el trayecto es lo divertido. Sentir como se mece el vehículo debido a la velocidad, y como la imagen del exterior se difumina si me enfoco en tu rostro, o como el estrecho asiento trasero es perfecto para acortar distancia entre los dos. (me fui de tema, como de costumbre relaciono recuerdos con personas que no tienen nada que ver en común)
Volviendo a anoche, perdí el celular, mi billetera, también un poco de mi dignidad. Sí, cuando nos tiramos al sillón color ocre de tu casa naranja. Por momentos me irritaba tu falta de charla, a veces me preguntaba si en realidad yo en ese preciso momento te gustaba. Supongo que sí te gusto, lo que ocurre es que soy tan perfeccionista que no puedo tener las cosas tan enquilombadas, y vos me acabas de dar vuelta el tablero. Ahora mismo tengo abierta tu conversación de facebook para ver si me escribís. Todavía no. ¿Cuándo te vea te saludo con un beso en la boca o en la mejilla? Duda existencial.
Quisiera creer que esto es una fase y que después vamos a avanzar. Ya estoy hablando en plural... perdí todo mi albedrío del yo. Te odio, te odio, te odio. Odio que tus besos sepan tan bien y que aún así no seas capaz de preguntarme como estoy al día siguiente (horas antes me chapabas como si no hubiera un mañana). ¿El mundo de los adultos es así? Porque últimamente en la semana no hice más que recibir bofetadas de la señora vida, a lo que mi vieja responde "siempre te vas a encontrar gente así", "bienvenida al mundo", "así es la vida", entre otras frases reiterativas que me dan ganas de tirarle café en la almohada.
Gracias por pagar el taxi y acompañarme a mi casa. También por esos besos. Nos vamos de viaje el jueves. Tengo que aprender a dejar que las cosas fluyan. Enseñame. Siento que te quiero. Tu perro se llama Bobby, y es tan bueno como vos. Te gusta el color verde. Tus ojos son verdes. Te dejaste la barba porque sabes que me gusta. A veces nos encontramos en el micro verde. Verde, tu aura es de ese color, pero cuando nos besamos somos naranja.
>> Hay una especie de comunicación pactada cuando estamos en el momento de silencio. Hablamos despacio, y en lo posible no llegamos a emitir palabras, pero te quiero decir cosas, y quiero que vos me digas cosas lindas.
- "Cuando iba al colegio, me tomé el 51, vos también, nos miramos un rato. Nunca más te vi"
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