sábado, 16 de mayo de 2015
Bobby
Me besa sin querer en la comisura derecha, y por un momento recuerdo "el beso escondido" de Peter Pan. Ambos compartimos uno de esos. Considero que son más poderosos, porque se encuentran debajo de la piel o mejor dicho, al lado del alma.
Naranja, nos besamos y me siento de ese color. La habitación también lo es. Los dos somos naranjas, tal vez serán nuestras energías que se complotaron, tal vez un par de flasheadas en base al "séptimo regimiento" que tomé. No lo sé, solo tengo la certeza que me gusta estar durmiendo pegada a su piel, sentir su aroma, que me bese con esa delicadeza que hacía años que no sentía. Es raro, pero nos besamos como si ya lo hubiésemos hecho, como si fuera una vez más, y dormimos, como si ya hubiésemos dormido.
Ojos color verde, esmeralda, barba rubia tirando a pelirroja, nariz respingada, blanco como el invierno, suave, menta. Estamos en silencio, por horas nos mantenemos así, y no hace falta hablar, no ahora, no justo en el momento que su boca se encuentra con mi cuello, no justo en el momento que mi mano se hunde en su pelo. No ahora. No hace falta.
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