jueves, 29 de enero de 2015

Puente


   Descubrí que la libertad se encontraba pegada a su piel, donde solo nosotros dos éramos los habitantes de aquel recóndito mundo. Siento que me estoy meciendo sobre una seda, alterando mis sentidos, deseando no parar. 
    Sus manos se escurren por mi espalda y desabrochan mí corpiño; con el no tengo vergüenza de encontrarme desnuda, porque ya lo estoy de alma cuando tomó su mano. Su lengua baila con la mía en el sinfín de compases que compartimos juntos en la ciudad de la furia. La milonga de nuestros cuerpos al danzar parece quedar a la perfección con el momento. Puedo sentirlo en el punto exacto que deseo. Su respiración entre cortada, casi inaudible, es música para mis oídos. 
   No dejo de vibrar ante la inmensidad de emociones que me carcomen en ese momento. Quiero ser suya, pero aún no es el momento, sin embargo lo deseo con creces a medida de que pasa el tiempo entre los dos. 
     Duermo bajo su ala protectora y todo esta bien. Sus piernas se enroscan con las mías haciendo un nudo interminable. Tengo su mejilla pegada a la mía, sobre un colchón desgastado y viejo, con la luz tenue. Quisiera estar desnuda para siempre. Quisiera que ese momento no tuviera fin. Puedo saborear la infinidad de su cuello salado, y lo siento suspirar. No puedo evitar sentir miedo bajo tantas expectativas y emociones desconocidas. 
     Lo siento vibrar una vez más juntó a mi, y me abraza, de tal manera que siento que no es necesario tener relaciones para estar conectados. Me siento suya, y la noche es larga. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario