lunes, 19 de enero de 2015

Ojos de bosque en invierno



   En sus años de juventud fue un alma totalmente autentica. Le gustaba Nirvana, Spinetta, leía libros, amante del teatro y del arte. Era rara, pero en el buen sentido. Nunca se peinaba, llevaba su rizada cabellera acompañada de su rostro sin maquillaje. Era la perfecta definición de libertad, y era mi amiga. Experimentamos un año pleno de compañerismo, yo creía haber encontrado luego de tanto tiempo un alma gemela, una hermana, alguien en quien confiar todo mi ser, mostrarle mi lado oscuro, dejar que vea mi luminosidad. No había secretos en ese entonces. Decidi cambiar de rumbo un día, decidi que lo mejor era ayudar a mi familia y concurrir a un colegio de estado, uno en donde no tuviera que pagar excesivas sumas de dinero. Quería ayudar, y sabía que si ella era mi amiga (como solia mostrarse) lo entendería. Me fuí de aquella institución con la cabeza en alto, me llevaba un grupo numero de amigas y muchos recuerdos felices.
>> Pero no todo es como parece. Las cosas comenzaron a tornarse extrañas, y aquella persona que quería apoyarme en mis días de adaptación en la nueva escuela, no era más que una desconocida.
   Sin adentrarse en detalles dolorosos, ella murió, no físicamente sino espiritualmente. De un día para otro cambio totalmente su forma de ser. Se peinaba, se maquillaba, escuchaba electronica, era frivola, estaba vacia por dentro y me habia abandonado. Sus enormes ojos verdes no eran más que un reflejo, y al ver las puertas de su alma, pude percibir el hielo que había consumido su ser. Se había ido, y nunca iba a volver.

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