lunes, 19 de enero de 2015
El baterista
La noche transcurría tranquila y sigilosa, como cualquier otra, lo único especial era que ese día tenia el cumpleaños de un amigo, y por lo tanto iba a haber alcohol. Concurrí al festejo con una amiga. Típica noche de verano, calor húmedo y cervezas girando de mano en mano. Entre los invitados estaba él, cabello castaño, alto, tocaba la batería, tenía un lunar en la mejilla cortando el abismo entre la comisura de su sonrisa y la boca. Siempre lo miraba en diferentes ocasiones sin recibir a cambio un vistazo.
En las altas horas de la noche el alcohol ya había hecho su efecto en mí, apoderándose por completo de mi inhibición para con los demás. Comencé a hablar con cada persona de la fiesta, ellos reían y concordaban en asuntos que yo largaba al azar para sacar tema de conversación; hasta que me acerque, me acerque por caprichosa, porque esa noche había decidido que él tenía que ser mío.
Lo observaba tocar la batería con obsesionada devoción, haciendo muecas, tocando con tanta fuerza los platillos que llego al punto de romper una baqueta, y sin esperarmelo, pronuncio mi nombre y la lanzo en mi dirección. Fue como entregarle a un pez famélico un pedazo de pan, un anzuelo perfecto, la excusa que necesitaba para acercarme un poco más a él.
- ¿Me la regalas?
- Sí - Afirmo y me sonrió.
Nos sentamos en el piso y comenzamos a beber vino con melón. No recuerdo el hilo de la conversación, pero sí verme envuelta entre sus piernas, creando una especie de nudo con nuestros cuerpos. Era evidente la tensión que había entre nosotros, ese tipo de tensión que solo aparece cuando alguien de verdad te atrae, sin embargo, mirarlo a los ojos y no desearlo era imposible; por lo que finalmente nos besamos, enfrente de la multitud, borrachos y desvergonzados.
>> Había algo extraño en toda esa situación, como si mi cuerpo le mandara una especie de señal diferente a la que transmitía en otros tiempos. Le pedí que nos fuéramos de ese lugar, sin tener en cuenta que era lo que de verdad sucedería.
>> Llegamos a la habitación del cumpleañero. Cerró la puerta y me besó. Apago la luz y eso fue todo lo necesario para saber que no solo tendría besos esa noche. Aún así una guerra personal entre la moralidad y el deseo, combatía en mi cabeza. Tendida en la cama con el cuerpo de un hombre encima, todo es más difícil de racionalizar. Él bailaba sobre mí, y yo abrazaba su espalda, rodeándolo con las piernas y el torso desnudo. Todo resultaba tan natural, dos personas dandosé placer sin prejuicios de por medio, sin pensamientos obstruyendo el momento, sin ataduras, libres.
Siempre tuve el problema de pensar demasiado, si el momento era perfecto yo lo analizaba, lo desintegraba, le hacía una autopsia a los sentimientos que sentía de por medio, y en ese momento todo eso se desvaneció, como si me hubiese librado de algún maleficio. Me otorgo paz mental, y la quiero de nuevo. Quiero de nuevo su brazo alrededor de mi cuello, dormidos. Quiero que me robe la distancia entre nuestros cuerpos, quiero su piel pegada a mí. Quiero ese hueco de galaxia entre nuestros labios. Quiero su lengua. Quiero sentir otra vez, quiero volver a estar viva. Por favor, quiero que me des la fórmula exacta para tenerte junto a mí de nuevo.
Tarde o temprano la liviandad del asunto se volvió más densa, y cansada de esperar lo busco. Como por arte de magia encajaban a la perfección como amantes, amigos y pareja. Como por arte de magia, dejaron entrar al amor de nuevo, sabiendo que con la misma intensidad que te atrapa, puede destruirte en un solo amanecer, sin embargo se arriesgaron, esta bien a veces seguir a los instintos. Esta bien amar por primera vez después de tanto tiempo.
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