Cerré mi corazón años atrás al afrontar una ruptura, una de aquellas que no son nada pero que al mismo tiempo significan todo. Me deje estar entre la gente, flotando nebulosamente sobre el vacío de sentirse desdichado; y cuando alguien aparecía, lo espantaba, intencionalmente, sin preámbulos, porque sabía que estaba cansada de dejarme lastimar, y comprendía que si alejaba a la mayor cantidad de hombres posibles, no solo me concentraría en mi propia vida sino que también podría desarrollarme mejor, tener más amigos, enfocarme en el estudio, realizar diferentes actividades... aún así al caer la noche uno descansa la cabeza en la almohada y sabe que sigue solo, completamente hueco, como la misma vez que él se marcho y me abandono.
Fui la otra mujer, la que estaba siempre disponible. Fui lo que nunca le desearía a nadie, porque no solo te desprecias y dejas que ese hombre mantenga un poder sobre tu persona, sino que te perdes entre mentiras, entre el laberinto lisergico que te invita a buscar la salida, entre tantos "Estamos mal y ya vamos a cortar" a "No puedo seguir más con esto, yo la amo". Fui la que siempre estaba disponible, la que era más linda, comprensiva, divertida y diferente, sin embargo, él seguía enamorado de esa chica que conoció sin maquillaje ni careta, y a veces no lo culpo, más bien me acuso a mí misma por haberme hecho eso. Yo era más que nada una simple ilusión de lo que el deseaba, y lo que yo obviamente quería darle, entonces, yo no era yo, pero estaba impulsada por la emoción de hacer algo prohibido, de sentir esa electricidad recorriendo la columna vertebral, quemándote como un cable pelado y mojado, siendo una y otra vez "la segunda".
Comprendo que después de ese gran error me vi obligada a sanarme a la fuerza, pero era difícil, no podía tapar todo el dolor que sentía en el pecho. No podía cesar esa sensación de angustia interminable que me había arrebatado por completo la felicidad.
Soy una chica con valores, que se respeta y tuvo la suerte de tener unos excelentes padres los cuales me inculcaron una buena educación, aún así, el día que decidí ser la otra lo recuerdo con claridad. Yo estaba saliendo con un chico (el mejor amigo de él), nos habían invitado a una fiesta en donde todos tenían dos años más que yo, fumaban, tomaban alcohol, y para ese entonces nunca había probado nada de eso.
>>Sin querer lo vi, tenía una camisa a rayas celeste y blanca, desabotonada, el cabello un poco despeinado y en su cuello colgaba una cruz. Me sonrió pidiéndome perdón con sus grandes ojos Topacio, era complicado, ya nos gustábamos, no había vuelta atrás. Lo quería más que al propio chico con el que me frecuentaba, pero el hecho de ser su mejor amigo y conocer a los dos al mismo tiempo, no fue bastante propicio.
>> Nos saludamos en un rincón y me serví un vaso de fernet. Los sentimientos que tenía en ese momento no estaban permitidos, no para mí, por lo tanto abrazaba a "mi chico" y me juraba que lo que sentía era real, aún así, hasta el sabor de sus besos se había vuelto amargo. No aguantaba más tener que fingir para todos los demás cuando en realidad quería estar únicamente con Nicolas. Sí lo dije, Nicolas es el nombre del monstruo, y no me atrevo a censurarlo, porque ya he estado suficientes años de mi vida tapando en el inconsciente lo que me quedo en el alma.
>> Decidimos huir de aquella fiesta con la excusa de buscar algo para tomar. En ese momento me dejaron de importar varías cosas. Ningunee el hecho de que la persona con la que me había comprometido para a futuro, tener una relación estable, se encontraba en la fiesta sin mí, preguntándose donde me había ido, y a fin de cuentas, notando que su mejor amigo tampoco estaba en el lugar. Estaba siendo la peor versión que conocí de mi misma.
Caminabamos por la Alameda, de noche, solos, y en cierta manera me sentía libre. Terminamos en un kiosco y él compro dos Dr. Lemon de Vodka (nunca lo había probado). Abrió la tapa con los dientes y nos reímos. No lo podía amar más porque no era posible. Tomamos todo deprisa y volvimos a la fiesta.
>> Me había equivocado al irme con él, no ahí, no en ese entonces. Estaba lastimando a una persona que me quería. No soporte la culpabilidad y el peso de saber que estaba siendo una persona terrible, así que me fuí, estaba siendo juzgada, y realmente no tenía nada a mi favor para defenderme. Estaba con una amiga un año más grande, y mil más viva, ella sabía demasiado de todo y por alguna razón esa noche esclareció algo que oscureció en mí.
>> Nos tomamos un taxi para ir a su casa y Nicolas me dijo que él se iba a ir conmigo, que quería acompañarme. Accedí. Quería tenerlo un rato más conmigo. En el asiento trasero a altas velocidades por causa del chofer, abrace su cuello, y el recostó su cuerpo en mí. Cada pensamiento de culpa se esfumaba a su lado, cada error parecía ser correcto si lo tenía conmigo, y ese era el precio que estaba dispuesta a pagar. No me importaba perder la cabeza por amor, no me importaba tener catorce años y creer que todo lo que hacía era maduro y acertado.
Al bajar del taxi, Marina nos dice:
- Despídanse de una vez. Solo quiero decirles una cosa: de la muerte y de los cuernos nadie se salva - Profesó y esa fue la frase que dio pie a la mayor y errada aventura de amor.
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