miércoles, 1 de julio de 2015
No existen las casualidades, existen las causalidades.
Siempre me cuestione si en verdad el destino está escrito, o si es solo un suceso de acciones propias, que nos llevan al lugar en donde estamos ahora. No lo sé, tan simple es responder eso. Los días últimamente en mi vida se volvieron rutinarios, la vida del estudiante universitario tiene un pico de soledad bastante complejo.
Ese día comí algo a las apuradas y salí de mi casa. Tome el 52 rumbo a la facultad, y me senté al final del micro, con una amiga. La escucho hablar sobre su novio, lo cual en el fondo poco me importa, porque de repente soy absorbido completamente por una chica.
Cabello lacio, alta, ojos marrones, boca fucsia, se sube al micro, saluda al chofer y paga de manera instintiva. Inspecciona los asientos en busca de uno libre, y nuestras miradas colisionan. Sé que podrá sonar cursi o patético, pero en el fondo siento que le gusté. Porque hay miradas y miradas, eso es cierto. Hay miradas vacías, otras mas fraternales, hay miradas lujuriosas, otras rencorosas, sin embargo, en sus ojos vi curiosidad.
Ya la había visto en otras ocasiones, pero ese día estaba absolutamente hermosa. Fue todo el viaje leyendo apuntes, escuchando música, y de vez en cuando moviendo suavemente sus carnosos labios, para memorizar, o cantar. Una de dos.
El viaje esta por llegar a su fin, y ella se levanta del asiento. Recorre el pasillo como si fuera una pasarela, y me ignora. Se baja rápidamente y comienza a alejarse de mí. Que buen culo... como me gustan sus piernas alargadas y musculosas.
De repente la pierdo de vista, y en un instante, se encuentra detrás mio. Abro la puerta para mi amiga, la miro a ella y la dejo pasar. Mis padres siempre me educaron a ser muy caballero. Ella me sonríe pero esta vez no me mira a los ojos. Luego de eso, la pierdo mientras observo que sube las escaleras a zancadas.
Cuando creí haberla perdido de vista por completo (ya que al entrar en la facultad todo se vuelve un agujero negro), subo las escaleras y la veo fumando con una amiga. Sus labios apenas rozaban el fino Virginia. Otra vez, me ignora, pero esta vez sonríe y mira al piso.
Al terminar de rendir un final, voy con mi mejor amiga al buffet, donde otra vez me la vuelvo a cruzar. Tres veces en un día, tal vez existían las coincidencias, pero en ese momento no podía dejar de pensar que quería cruzarmela en todos los lugares posibles.
Anonado con su belleza, esa noche me dormí soñando con besarla.
DÍA DE COINCIDENCIA 2:
Se sube al micro otra vez, y me mira.
Quiero que sea mía, y lo voy a lograr.
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