viernes, 31 de julio de 2015

Mía



  Estoy manejando desde Luján a Ciudad. Hace un mes y medio que salimos, ella es espectacular - puta madre otra vez alguien que no pone el guiño - vive medio lejos pero no me molesta estar una hora conduciendo solo para llevarla a tomar un helado. Soy de los románticos. Me gusta verla entrar al auto, siempre rompe el silencio con alguna frase graciosa, y me besa de una manera que hacía mucho que no me besaban; porque hay besos y besos, y los de ella son de esos que te dan ganas de que te explote el corazón - ¡menos mal que nadie escucha mis pensamientos!.
   Nos divertimos tanto. Cantamos. Comemos. Cantamos y cantamos. Tiene unos impresionantes ojos marrones, que al darle la luz se tornan en topacio liquido, y sus vibrantes pupilas me miran infinitamente, y me vuelvo a hundir en su mundo, en su galaxia personal. La quiero, realmente lo hago, pero hay algo en ella que no me deja entrar. Cuando naufrago en su mundo siempre me deja llegar hasta cierto límite, y luego, cierra las puertas, dejándome varado entre la incertidumbre de su totalidad en sí.
    Estamos recostados en mi cama, su cabello lacio y brillante enmarca su rostro de porcelana. No nos decimos nada, compartimos el amor por el silencio y charlamos con la mirada. Ella sonríe, se le achinan los ojos, a mi también. Se acerca lentamente y a un centímetro de mi boca respiramos el mismo aire, caliente y espeso. Coloco mi mano en su cintura, la acerco a mi cuerpo, esta vez ella no se resiste. Nos seguimos besando, sus dedos juegan con mi maraña de rulos castaños. Me encuentro recostado sobre su cuerpo. Puedo ver como me observa con una especie de temor, sabe lo que quiero, pero yo no sé que es lo que ella desea:

      - ¿Qué te pasa linda? - Corro un mechón de su mejilla.
      - Nada.
      - No me mientas - Le besó la nariz - sé que algo te pasa.
      - Es que nunca estuve con nadie - Confiesa y corre la mirada.
      - No importa eso, yo te voy a cuidar.
      - Ya me dijeron eso una vez.
      - Pero esta vez no es mentira, mi amor, te lo prometo por lo que más quieras.
      - ¿Me lo prometes por vos entonces?
      - ¿Yo soy lo que más queres?
      - Sí - Le tiemblan las pupilas pero su boca esta tranquila.

      No puedo evitar quererla, no puedo evitar que su piel sea tan suave y frágil. No quiero tener sexo con ella, quiero hacerle el amor, quiero hacerla mía, quiero que sea mía todas las veces que ella quiera. Y quiero que me quiera, que me ame, por más tonto que parezca. Aunque juro que ya nos queremos sin querer.
       Su blusa blanca en el suelo, su corpiño beige también. Mi pantalón tirado en la otra punta de la habitación. Sus piernas enrolladas en las mías. Su torso desnudo sobre mí. Sus costillas apareciendo. El hueso de su pelvis sobresaliendo. Su aroma a frambuesa. Su respiración entre cortada. Sus labios carnosos. Sus ojos que se aprietan con fuerza. Sus uñas que se clavan en mi espalda.
        Es mía.
        Sonríe.

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