miércoles, 29 de julio de 2015

Bitácoras amorosas



   Soy muy enamoradiza, tengo que admitirlo. Soy capaz de recrear toda una vida junto a una persona, con tan solo mirarla. No me hace falta escuchar su timbre de voz, lo puedo imaginar, recrearlo en mi mente. Las personas a veces se sorprenden de como me emociono cuando cruzo miradas con alguien, o la manera en la que un día pienso intensivamente en un desconocido, y al otro me olvido por completo de su existencia. He sido así desde los ocho años, o mejor dicho desde los cinco, cuando me enamoré por primera vez. Iba al jardín y me gustaban dos compañeros, casualmente se llamaban Ramiro. Luego a los siete me enamoré de Tincho (quien en verdad se llamaba Jorge), le pregunté a mi mamá si me podía poder de novia con él y ella me respondió:
  - Sos muy chiquita para eso.
    A los ocho años conocí a Francisco, tenía un hermano gemelo (o mellizo), eran de Buenos Aires, y en ese entonces parecía un niño muy maduro, restando que era completamente hermoso. Llegue al punto culminante de mi enamoramiento en donde sentía que no podía callar más aquello. Entonces decidí que le iba a escribir una carta anónima, quería confesarle todo mi amor. Recuerdo que trate de escribir lo más desprolijamente posible, pero me delate haciendo un dibujo muy característico (en ese entonces solo dibujabamos 3 del curso). Recuerdo la secuencia como si hubiese sido ayer:
    Era Miércoles, en la primera hora teníamos matemática con Delia, una profesora vieja y arrugada que me hizo llorar por primera vez en mi vida, al sacarme un uno en una prueba de fracciones. Era mala, o yo creía eso. Antes de entrar a clases, saludábamos a la bandera, por lo tanto tenía una apenas unos segundos para poner mi carta en el cuaderno de Francisco. Lo hice.
Cuando entramos al aula él encontró la carta, pero no la abrió, sino que se la dio a la profesora, y ella prosiguió a leerla enfrente de todos mis compañeros. Quería llorar. El chico que amaba era un pelotudo (tal vez ahí comienza mi mala racha). Tocó la campana del recreo, y salí corriendo de la vergüenza, y también de la decepción. Todos mis compañeros se habían enterado de que la autora anónima era yo.
Cite a Fran detrás del kiosco, y pude ver mientras corría a esconderme, como él iba acompañado de sus amigos. ¡Qué falta de respeto hacía su admiradora secreta! Imagínense si yo realmente hubiese ido.
Una compañera me delató, le dijo que me había visto poner la carta en sus cosas (creí que eramos amigas).
Todo mi amor se vio desvanecido con sus actitudes, pero soñaba casarme con él en los pasillos del colegio, y no miento, realmente soñaba estar vestida de blanco y el con un mini traje, caminando por una alfombra roja. ¿Fantasía o trauma? No lo sé.
      La historias de amor después de los catorce se vuelven nebulosas, sé que en realidad me enamoré dos veces en mi vida: Giuliano y Nicolás. Y por una infinidad de hechos desafortunados, nunca volví realmente a creer en el amor. Entonces ¿soy yo la que esta mal o son los hombres?, si debo psicoanalizarme les mentiría. Tal vez es que el verdadero amor esta bloqueado por mi parte. Pero creo que hoy me enamoré, volví a proyectarme con un desconocido.
     Es muy parecido a uno de mis cantantes preferidos: Luke Pritchard. Tiene rulos castaños, y un corte de pelo muy lindo que no soy capaz de describirlo, pero que me encantó. Él me encantó. Labios carnosos, rosados. Canta muy bien y escucha las mismas bandas que yo (leo lo que escribo y siento que tengo diez años). Me gustan los músicos, siempre me gustaron. Me encantan los hombres, me encantan tanto que no estoy con ninguno (había escrito ninguna, puede que a veces me guste alguna que otra chica- pero es porque la mujer es hermosa de por sí- aunque nunca estuve con nadie del sexo femenino). ¿Puta? No, sigo siendo virgen, lo que menos hay en mi vida es sexo. ¿besos? tampoco, soy algo así como una novicia pero sin rebeldía por mi parte, realmente no sé si tengo mala suerte o es que me empecine en dejar de relacionarme con personas que no me hacen sentir valorada.
      Llega un momento en la adolescencia-casi adultez donde todos se ponen de novios, hasta una de mis mejores amigas que resultaba ser la más anti amor del grupo, hoy en día lleva casi ocho meses. Siento un poco de envidia, quisiera estar así de enamorada, también estoy celosa, desde que está de novia no la veo nunca y cambió totalmente su forma de ser, ahora es plástica y divina. ¡Como cambia la gente cuando esta en pareja!, igualmente es fácil sentarse frente a un ordenador, ponerse los lentes con 0,75 de aumento, y escribir como una portadora a la bandera: "No cambies a tus amigas por una pija", pero perdón, soy la persona menos indicada para juzgar. No entiendo nada del tema ¿y lo peor? o más bien gracioso, es que quiero entender. Quiero saber que sienten esas personas cuando después de un largo día, escuchan la voz de su amor y se tranquilizan. Necesito comprender que tienen de bueno las relaciones, que magia conlleva todo eso (y no piensen sobre el sexo, yo hablo en lo espiritual).
      Estoy pensando alguna buena frase para rematar todo este descargue, pero no la encuentro, estoy haciendo una catarsis exclusiva de lo desafortunada que me siento por no tener a alguien que me ame. ¿Es tan complicado encontrar un amor puramente recíproco?. Charlamos luego, voy a consultar mis incertidumbres con una almohada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario