Viajar en micro conlleva a la tarea diaria de enfrentarse a un abanico de caras olvidadas. Es usual a veces cruzarte con gente que viste en reiteradas veces sin saber siquiera su nombre, su edad o su color preferido (esas cosas a mi me importan); sin embargo están esas personas que no entendes como y por que te causan algo, esa extraña sensación de familiaridad que no se te despega de la cabeza.
"¿Esos ojos yo los vi en algún lado?" esa frase más de afirmación que de pregunta, rebotaba en mi cabeza una y otra vez. Aquellas desconocidas esmeraldas llevaban de por si una permeable melancolía, como si de alguna manera te escarbaran el alma sin querer. Podría afirmar que su mirada circundaba entre la dulzura del sol de otoño, y el agresivo frío del invierno, las dos caras de una moneda que uno no percibe a simple vista, sin embargo yo si, yo pude ver todo eso y más.
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