De repente estaba usando su camisa preferida la cual me llegaba casi hasta las rodillas. No sé en que momento llegue a esas instancias, no comprendo cual fue aquella transición que desestructuro por completo mis esquemas. Solo sé que ahí estábamos, los dos solos, en otra ciudad, desayunando como si no fuera nuestra primera vez.
>> El sol de principios de otoño brilla en color sepia, esté se esparce por la silenciosa cocina blanca, mientras que los rayos se mezclaban con sus aplastados rulos rubios, y a pesar de que eran las diez de la mañana, parecía que había salido de una sesión de fotos. Era tan perfecto el momento, que me asustaba. El olor a tostadas, café y cigarrillo se habían convertido en mi selección de aromas preferidos.
Lo observaba en silencio (no me gusta hablar por las mañanas), resultaba gracioso como sus doradas cejas se fruncían al tratar de sostener el pucho con la boca, a medida de que se hacía una tostada de manteca y mermelada, e intentaba que la ceniza del consumido cigarro no cayera a la taza inmaculada.
- ¿De qué te reís? - Me pregunta desplegando sus perlados dientes amarillentos, a causa del tabaco.
Me tomó por sorpresa, estaba tan ensimismada en mis propios pensamientos, que olvidé por completo la presencia de mi cuerpo en la tierra. Me estaba riendo instintivamente, de manera tan natural, que no percate que la felicidad me había consumido las neuronas. Tal vez no recuerdo la última vez que me encontré tan feliz, tal vez nunca lo sentí así, es decir, lo que creí en su momento que se acercaba minimamente a los estándares del amor, eran para mí un mito, una utopía, sin embargo, ahí estaba, mirándolo y riéndome sin saber porque.
- No lo sé - Confesé y nos echamos a reir.
¿Entonces así es el amor?, tan ciclotimico y sublime que no llega a acercarse a una definición exacta, creada tan solo por unos simples mortales. ¿Eso era? Esas ganas de querer estar abrazado, durmiendo, riendo, peleando y reconciliándote, comiendo, besándote, preguntándose a donde esta la persona, en que piensa, que hace, que no hace... ¿ese cliché tan misterioso?A decir verdad realmente, eso es, y pido perdón a todas esas parejas que prejuzgue por estigmatizar con que estaban enfermos, con que no comprendía como podían llegar a ser tan pesados y melosos. Pido perdón, hoy soy peor, hoy somos peores.
>> El atardecer baña de colores cálidos, la pequeña ciudad de San Luis. Estamos tirados en el pasto fumando un porro. Me observa con sus ojos de almendra, y susurra algo parecido a un "te amo". En mi mente una barrera que estuve sosteniendo por años, se rompe. No podía ser cierto, no podía estar ocurriendo. Aquel chico/hombre que veía en los pasillos de la facultad, era mío. ¿Cómo había llegado a ser posible? ¿cómo sus colores azules fundieron el gris matutino de mis días?, es decir, irrumpió una constante tormenta en mi ser, y lleno mi cielo de sol, de mañanas despejadas, de aves cantando a los costados de mis orejas. Nunca iba a ser suficiente el agradecerle que me trajera a la vida.- Yo te amo a vos - respondí despacito, porque tenía miedo de que el tiempo me arrebatara ese pedazo de eternidad.
Me acuna en sus brazos de mármol, y desde ahí creamos un universo aparte, una galaxia paralela de todo lo que conocíamos. Nuestros corazones laten en sintonia. Lo siento vibrar bajo las escamas de mi piel, y me desmorona los sentidos su electrificante contacto. Sin querer (queriendo) nos encontramos, y no había vuelta atrás. Este viaje era únicamente de ida, y los asientos nos habían tocado juntos.
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