domingo, 27 de abril de 2014
C'est fini
Sucedió lo que tenía que suceder, lo previsto, lo notorio, lo que ya se venía avecinando hace rato pero ambos trataban de esconder e ignorar. Puedo decir con tranquilidad que la relación ha sido de lo más beneficiosa y satisfactoria hasta el momento, que comprendió lentamente que todos esos sentimientos agolpados y apasionados no eran más que espasmos de locura instantánea, poco real, no tan lucida como creían. Y a la hora de besarse no eran más que dos almas desesperadas, buscando un poco de esa magia que habían perdido su vida; ese chispazo de esperanza que les movilizaba cada célula en su cuerpo, cada nervio y pelo.
A estas instancias los fracasos amorosos ya no eran vistos como una decepción (tal vez porque este no se metió debajo de su piel). Con el paso de los años la soledad fue su mejor amiga, su enemiga y su cómplice; juraría que en cierto modo hasta le había tomado cariño. Ahora era ella de nuevo, ella sola en toda su totalidad física y espiritual.
Esta vez le agradeció porque no solo la salvo de la nebulosa en la que se encontraba, sino que también le renovó energías, la hizo crecer en humanidad y sensibilidad, la ayudo a encontrarse (un poco) y a poder ver sus días desde otra perspectiva, la cual era que si uno le pone empeño de verdad la vida puede ser como una película.
Las cosas terminaron bien, supongo, hablaban diariamente/mensualmente,siguieron en contacto, como dos personas maduras que se quisieron en algún momento de su vida. Destinados a no ser, a volar, a explorarse individualmente, enriquecerse separados, recordando lo bueno de aquel amor prematuro e inocente. Explosivo en todos sus sentidos.
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