jueves, 17 de abril de 2014
distancia
Los ojos fríos de la mirada amiga solo me hacen pensar en cuanto desearía no estar acá, no sentir, no preocuparme, pero lo hago, porque no sé hacer otra cosa que llorar problemas ajenos y entonces... decaigo. La vida de la típica adolescente solitaria, retratada aquí, con un poco de pudor y tristeza, ¿Qué me quito la felicidad? ¿Qué nos la quitará?
Disculpen los sentimientos negros y profundos que escribo, pero si no lo hago me muero por dentro aunque nadie parece notarlo, y entonces pido al cielo tener unos brazos acunandome esta noche, resguardandome de mí misma, porque necesito que me salven, pero nadie me escucha gritar. Yo soy mi propio enemigo.
Odio odiar y no sentirme comprendida, porque me entienden pero no me comprenden y me dejan de nuevo varada. ¡Que necesidad de necesitar tenemos! porque el humano no vive sin amor, ¡Que necesidad ridícula pero verosímil!... cuanto necesito esos ojos marrones, y el olor a cigarillo de su camisa.
Creí que nunca lo diría, pero lo necesito tanto que duele. Entonces entiendo que nadie me puede salvar de mí misma, pero el por lo menos me puede curar la necesidad de detestarme; y lo extraño, lo extraño tanto que no soy capaz de emitir sonido de angustia, porque me acostumbre tanto a no depender de alguien que ahora me siento rara, distinta.
Siempre nos vemos por las noches, nos saludamos, él me invita a posar en su nube y pasamos la tarde así, con los ojos en el cielo dormidos pero despiertos. Amarte es un laberinto del cual no quiero salir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario