martes, 1 de abril de 2014
Esencia a flor de piel
Ser idealista es un problema, muchas veces no para mí sino para las personas que me rodean, les molesta mi forma utópica de ver la vida, de creer que todo tiene solución, que puedo conseguir lo que quiera, y así, me veo juzgada por personas que al contrario de mí son demasiado realistas. ¿Qué es más fácil, soñar o vivir esta triste realidad día a día? Quisiera responder que es imposible evadir el presente, pero es muy sencillo a veces, con una caminata, algunos párrafos catarsiando, o escuchando una canción, así yo llego al punto de no estar presente físicamente.
¿Quién es más feliz, el idealista o el realista? Quisiera saberlo, aún no puedo responderme esa pregunta. Diría que yo soy más feliz soñando que tomando en cuenta todas las injusticias del karma divino, pero la verdad es que desde otro punto de vista, el realista debe ser feliz, a su modo no, pero si él no tiene la casa de sus sueños lo comprende, si no viaja a Europa lo comprende, si no consigue la vida que proyecto años atrás cuando era un poco como yo, lo comprenderá igual. El realista no se desilusiona, el idealista sí, punto para el aburrido.
Digamos que para las personas soñadoras como yo, vivir constantemente con los golpes de la vida no es algo agradable, pero es una buena manera de levantarse, retomar el camino, sacudirse el polvo y seguir, como siempre, yo solo sigo, aunque este lastimada, devastada, yo solo camino en una dirección, como si mi ideal siempre fuera el positivismo, el horizonte. Se podría decir que empece a ser así por el descontento que tenía con todo, y después se volvió en mi religión, mi forma de moverme entre la gente, de diferenciarme, de pelear con todo aquel que me dijera que no puedo. Ser idealista me hizo más fuerte, creo que ese es un buen punto a favor.
Terminando con la catarsis, diría que uno no puede cambiar la esencia que lleva dentro, si sos así lamentablemente seguirás siéndolo, aunque lo ocultes con millones de formalidades, nuestro dogma siempre va a estar presente a flor de piel, muchas veces pidiendo salir, siendo censurado por nuestro propio prejuicio de no dejarnos ser... y al final, ¿Para que ser igual a todos? Creo que me gusta soñar al extremo, me mantiene con los pies en la tierra, mirando al cielo, con los ojos en el futuro de que todo puede ser mejor, y por sobre todo trabajando en mi hoy, modificandoló para bien, moviendo fichas para no ser nunca más una realista del montón.
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