sábado, 12 de abril de 2014

Una mala actriz en una película de amor


  Nunca me odie tanto como ahora, nunca odie tanto mi persona como en el momento que me decía que me amaba y yo no podía responderle nada. ¿Por qué no podía? Me amaba de una manera tan devota e ilimitada que todos mis sentidos estaban aterrados, y cuando me besaba podía sentir que nuestro amor era de vidas pesadas, pero entonces volvía a enloquecer. Yo soy su luz, lo saque de la oscuridad de hace años... ¿Cómo se puede lidiar con tanta responsabilidad?. Odio mi maldita forma de meditar hasta el más mínimo sentimiento que se me pase por el alma.
  A veces siento que estoy en una película, que soy una mala actriz con un buen guión de amor. El problema es que siempre me enamore sola, siempre amé yo más, siempre puse más fe en las cosas que las otras personas, y de repente, me aman más de lo que yo amo, tienen más fe de la que yo tengo, y me dan más de lo que doy.
  Con el tiempo me considere una persona que daba más de lo que recibía (en algunas ocasiones), con mis amigos soy así, realmente desilusionada por a fin de cuenta no tener tanto de lo que daba; pero mi mundo da vuelta drásticamente, recibo flores, cartas y regalos, viajes inesperados y besos largos, ya no sé que hacer. Mi mundo solitario está habitado por un intruso del cual no sé si quiero que se quede, o no comprendo porque me agrada tanto su compañía.


  "No sientas tan rápido mi amor, voy a seguir estando acá al final de la historia, del otro lado, como un espejo. No me llenes de regalos, no los necesito amor, voy a seguir queriéndote por lo que sos. No viajes por mí, no es necesario... ¿amor?"

2 comentarios: