lunes, 15 de diciembre de 2014

Lago


  En lo que a mi respecta, nunca estuve con nadie que tuviera unos ojos tan maravillosos como los de el. Eran verde agua, transparentes, más que las puertas al alma eran un interminable lago, profundo y calmo. 
   Había atravesado por una serie interminable de relaciones sin principio no final, ninguna me llevaba a confirmar con juicio que realmente estaba hecha para amar a otra persona en esta instancia de mi vida. Siempre había una excusa: Soy demasiado chica. No soy madura. No quiero perder a mis amigas. No me da lo que yo le di. Este no es el momento... Y así sucesivamente, mintiendome y evadiendo de manera opcional lo que en algunos casos pudieron ser grandes amores, si yo les daba mi consentimiento. Aún así estoy sola, y todas las excusas que use en su momento se convirtieron en un bálsamo. Todas mis amigas a las cuales yo tenía perder se encontraban sumisas en el amor, y de repente las envidiaba, porque había dejado pasar muchas oportunidades por mantenerlas conmigo, cuando me encontraba completamente cegada. 
>> Me había abandonado, definitivamente me encontraba ahogada entre ser o no ser lo que deseaba. Entre priorizar o no los sentimientos, cuando bien se sabe que a la hora de sentir no hay restricciones. 
   
    Y lo ví. Su cabello castaño oscuro caía al costado de su frente, brillante y lacio. Pude observarlo sonreír con los dientes más perfectos que haya visto jamás, mientras revoloteaba la mirada hacia mi, de manera fugaz y desprevenida. Era el típico indiferente que solía gustarme. 
    Los meses pasaron y me había olvidado de aquel extraño divino. Pero no fue así, al verlo mi memoria se reactivó al instante y no pude evitar desear interactuar con el de alguna forma u otra. 
Para sorpresa del universo, él era amigo de un chico que se me había pegado en los tiempos libres que teníamos en la facultad. 
     Estábamos sentados en el pasto como de costumbre, hasta que el lo vio, lo saludo y se sentó un momento. Nuestras miradas se encontraron, y fácilmente me vi obligada a correr la vista. Sus ojos tan claros y simples me habían capturado el alma. 


    >> Con los días ese extraño se volvía familiar, y mientras más tiempp charlábamos, mejor nos llevábamos. Era la clase de chico que quería invitar a fumar sólo para saborerle el carmesí de la mirada. 

      - ¿Sos de esas chicas que fuman una seca antes de entrar a clases? 
      - No siempre pero sí.
      - Te invito unas flores - sonrío levantando la comisura derecha. Ni siquiera había fumado y ya se sentía sedada con tan sólo hablar con el.

   Nos alejamos de la multitud y buscamos un lugar más reservado. Nos sentamos en el medio de unos árboles, los cuales parecían haberse levantado a propósito en modo de proteccion. Se apoya el charuto sobre sus labios color cereza - no puedo dejar de mirárselos - lo prende con un fósforos y hace un sumamente sexy; como una estrella de rock prendiendo un cigarro. Le da unas pitadas y me lo pasa, es casi como besarse sin contacto. Cuando siento que  el efecto se apodera de mis sentidos, me recuesto en el césped.

    -¿Cómo te sentís? 
    - Así - se acerca para besarlo lentamente, el apenas se mueve. La campana suena. El momento perfecto de arruina, el valor se desvanece.
      - Hermosa - susurra con sus letales ojos cielo, y muero ante su encanto. 

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