martes, 9 de diciembre de 2014
Ojos almendra
La acune entre mis brazos como el aviador al principito, despacito, amorosamente. Estábamos en el rincón de su cuarto, sobre la cama. Su cabello negro era lo único que podía ver, aún así la sentía vibrar. Lloraba en silencio porque no quería causar más ruido. No quería que la oyera de nuevo, porque él era capaz de escuchar las palabras fluir de su boca, pero incapaz de descifrarlas a la hora de mirarla a los ojos.
No sabía que hacer en ese momento. Comprendía su situación desde una pequeña perspectiva, aún así ponerme en su piel me resultaba abrumador, si uno no puede con sus propias dificultades ¿cómo confrontar con la de los seres queridos?. No soportaba escuchar los sollozos de su alma, porque está ponía blanda a la mía; y en un instante, me ví sumergida en lágrimas, esta vez vibrando al compás. Ella de tristeza, yo de empatía.
La había lastimado, más allá de lo físico, la había herido; en esa parte profunda de lo que uno desarolla a lo largo de los años, es decir, la relación, el cariño, la amistad... la confianza. ¿Cómo volver a confiar en alguien que no te acepta por completo?
Ella se reincorpora, quiero limpiarle los pequeños diamantes que se escurren por sus mejillas, pero no me deja. Es muy fuerte, sabe hacerlo por sí sola. Me pone una cara desgarradora pero sé que va a salir adelante. Nos miramos en silencio, en estas instancias no hace falta emitir palabra alguna para entendernos. La vuelvo a abrazar. Quiero transmitirle todo mi cariño, pero en estos momentos se encuentra tan bloqueada que solo es un peso muerto.
Nos recostamos, mirando el techo color marfil. Hay demasiado silencio, pero las voces de adentro resultan ser inoportunas. Cierra los ojos, esos ojos almendra enmarcados por largas pestañas. La observo morir paulatinamente, pero le agarro la mano. Quiero que sepa que estoy ahí. Quiero que sepa que nunca la voy a abandonar. Que la quiero como es. Que la admiro por como es. Quiero que sepa que aunque sienta que esta vez no va a salir a la superficie, yo voy a estar ahí para celebrar su reincorporación de oxigeno. Quiero que sea feliz, sin esconderse de lo que es.
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