jueves, 4 de diciembre de 2014

Melancolía



    Borro una y otra vez líneas perfectamente imperfectas. No logro encontrar las palabras adecuadas para hablar de él. Su recuerdo cava profundo en mi ser, es como si de alguna manera absorbiera poco a poco lo que soy.
>>Lo veo, con tanta claridad que asusta, porque no necesito soñar para recordar lo hermoso que es a la luz del sol, y como su iris marrón se torna verde musgo en los días soleados, ni como sus dientes resplandecen cuando se ríe, mientras se achinan sus divinos ojos (y lo amo... muy despacito, porque duele amar tanto a alguien que no se puede tener) .
No puedo evitar extrañar esa forma que tiene de hablar, y lo cómoda que me siento a su lado. Y de repente soy yo, y no me importa si ambos nacimos en mundos diferentes y hablamos diferentes idiomas, porque lo quiero, y tal vez debajo de todas esas escamas, el me quiere a mí. Y el amor en esa pequeña fracción de eternidad resulta un tema tan simple.
    Nos encontramos sentados a las penumbras, apenas puedo ver su rostro iluminado de forma tenue por la luz luna, y sin saber porque, siento paz al mirarlo.
>> Me pregunta como estuve todo este tiempo, mis nuevos proyectos, (aunque en el fondo pareciera no interesarle toda la formalidad de la conversación) pide un pantallazo de mi vida, como si algo nuevo hubiese sucedido desde que nos vimos (exactamente dos años). Me río. No quiero contarle nada, solo quiero abrazarlo, sentir el calor de su cuerpo alrededor de mis brazos, emanando energía, dulce y ardiente magnetismo que hay entre nosotros; aún así, actuó de manera natural, y le cuento cada una de mis tragedias, sin embargo a su lado parecen mínimas expresiones de tristeza, como si de alguna manera apaciguara el dolor que a veces llevo en mí. Curándome, por tan solo unos instantes.
     Camina conmigo por el boulevard. Me despido de él. Sé lo que quiero, pero al mismo tiempo sé que no puedo. Deseo besarlo, tocar sus labios de terciopelo, fundirme en él, como cuando eramos jóvenes e inexpertos, acariciar su pelo, latir en sintonía con su corazón... pero tengo que tocar la tierra una vez más y atenerme a la única realidad que divide de forma indiscutible nuestra relación: La distancia.
     Sé que con cada beso me puedo enamorar más, aunque no sepa con exactitud lo que realmente es el amor, aún así lo siento tan real... cuando lo miro, cuando pienso en él, cuando reímos juntos, cuando lo extraño, y puedo verlo, sin hacer caso a la parte física, sino más allá de eso que se percibe. Veo su alma, y me siento completamente desnuda ante tanta inmensidad espiritual. Y deseo poner punto final a nuestra historia, sin embargo... 
     

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