viernes, 26 de diciembre de 2014

Fuego y Menta III


   Me invitó a su casa. La relación se estaba formalizando, mis padres ya lo conocían, y el ya me había presentado a su familia. Habían pasado exactamente dos meses desde que empezamos a salir. Era único en toda la extensión de la palabra, cada sensación, cada beso y abrazo, su nariz pegada a mi cuello, erizando mi piel, sus manos firmes y protectoras, sus dedos largos y perfectos, su lengua, su exquisita lengua, y aquel sabor a menta que me volvía loca, cada parte de el me hacían sentir más y más enamorada. 
     Sabía que amaba el rock, se le notaba, también le encantaba la marihuana, tal como a mí. Pasábamos tardes fumando y diciéndonos lo mucho que nos amábamos, como si todo lo que sintiera realmente se tratara de una resurrección del primer amor. Y así fue, lo deje entrar sin darme cuenta, tenía la guardia baja, estaba vencida de tanto esperar cariño, había perdido la fé, y sólo el podría devolvérmela; y lo hizo, me sanó el alma. Si la felicidad fuera un momento, yo describiría todas las horas que pasamos juntos. 
     
     - Hola mi amor - sonríe y me saluda desde el otro lado de la reja. 
     - Hola hermoso - lo abrace tomándolo por completo en mis brazos - que rico perfume por favor.
      - No tanto como el tuyo - me besa y entramos a la casa. 
      - ¿Y tu mamá? - pregunte al notar que no estaba en la casa. 
      - Esta en lo de mi abuela, no vuelve hasta la noche - sonríe con otra intención. 
       - ¿Tu papá? ¿Tu hermana? 
       - Mi papá esta trabajando y mi hermana se fue a lo de una amiga. 
       - Mhmmm
       - Vení y dame un beso de esos que me gustan - suplico de manera tan sensual que no pude evitar sentirme excitada. 
  
         Me tomó por la cintura y comenzamos a besarnos. Primero despacio y luego con más intensidad. Acariaba mi espalda y en cada parte donde el colocaba su mano, me quemaba por dentro. 

           - ¿Vamos a la habitación? 
           - Sí - susurre bastante consumida por el deseo. 

           Habíamos estado centenares de veces besándonos en su cama, trazando límites, descubriéndonos, aún así nunca habíamos tocado el tema de tener relaciones. Tampoco soy una persona bastante abierta para dialogar sobre el tema, pero en el fondo el y yo queríamos lo mismo, y no iba a dejar pasar esta oportunidad. Tal vez mi yo vieja lo hubiese querido, pero en estas instancias era la misma juventud la que me recargaba de energías y lujuria. La pasión y el amor me consumían las entrañas, y me sentía tan rara al no conocer esta faceta de mi. 
>> Llegamos a su cuarto y cerró la puerta con seguro. Nos recostamos en su cama y continuamos besándonos, esta vez con más jugueteo que antes, y con más cosquillas de las que había sentido en mi vida. Me mira a los ojos, esos divinos ojos que tanto amo, enmarcados por sus pestañas largas y arqueadas. Su mano viaja por mi ombligo, y sube, cada vez más, hasta llegar a mi corpiño, hasta desabrocharlo, hasta el punto de dejarme el torso desnudo. Acto seguido, le saco la remera, y nuestras pieles son tan perfectas al contacto de ellas. El tiene puestos sus jeans favoritos, y en este momento me estorban por completo; así que se los saco (sorprendida de mi misma por la iniciativa). Él hace lo mismo conmigo, y estamos semi desnudos en una habitación callada y serena, y afuera el mundo no existe porque él es el mío. 

        - Sabes que te amo, que no vamos a hacer nada que vos no quieras. Yo te respeto, siempre te voy a respetar. 
         - Sí quiero - admito con algo de vergüenza. Estaba totalmente vulnerable pero aún así no me sentía desnuda por completo, porque en realidad el ya me había desnudado el alma, la primera vez que me besó. 

       Fuego, me quema todo por dentro, pero de una manera particularmente placentera. Y se mueve al compás de mi ser, respirando fuerte, mirándome a los ojos, sonriéndome. Lo amo, lo amo tanto   .
       La gente dice que en dos meses no te podes enamorar tan rápido. Al diablo esa gente, ellos son los que no pueden. Nosotros no. 

         Fuego y menta...Continuará  

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