miércoles, 17 de diciembre de 2014

Menta


   Tiene unos ojos serenos e indagadores, porta consigo esa clase de mirada que te perfora el alma con apenas un vistazo. Alrededor de ellos, menta, menta oscura que bordea el contorno del iris, y cae en degrade una gama de verdes que se mimetizan despacito a la hora de llegar a sus enormes pupilas.
    Su nariz tiene el tabique recto, de terminaciones perfectamente imperfectas. En el medio de las fosas nasales, una argolla plateada.
    Sus labios carnosos de color carmín hacen la aleación perfecta en conjunto con sus dientes perlados. Sonríe. Me sonríe a mí. Se le hacen unas pequeñas arrugas alrededor de los ojos. ¡Dios! Cuánto me gusta. Lo escucho hablar pero en realidad no estoy presente en ninguna palabra que se desprende de su sedosa lengua.
     Nos recostamos en el césped. El día esta hermoso, hay aroma a principios de otoño, el sol baña nuestros parpados de su divina luz, mientras que el cielo permanece despejado ante nuestro favor. Para mi sorpresa, se encontraba realmente interesado en mí, me preguntaba que música me gustaba, que cosas me agradaban, que otras no. Hacía tanto tiempo que no sentía el intereses de manera transparente, sobre mí. Aghhh me gustaba, tanto que quería abalanzarme sobre él y destruirle la boca a besos; aún así me contenía, contaba números, enumeraba colores. Algo que me distrajera de su hermoso rostro. Y aquella voz, típica voz de fumador, rasposa y seductora. Estaba completamente regalada, sin embargo él quería conocerme, y yo también.
     Pasaban las semanas y nos veíamos con más frecuencia, fuera de la universidad, dentro de ella, a veces por las noches. Hasta que ocurrió.
>> Salí con mis viejas amigas a una fiesta fantasma, de esas que solemos concurrir. Previa. Locura. Todo como siempre. Llevábamos de costumbre zapatillas, pero un poco más diferentes exteriormente. Más grandes, más lindas, más unidas. Había estado hablando con X por la tarde, le conté sobre mis planes (con total esperanza de que el destino o las propias acciones de dicha persona, coincidentemente fueran las mismas que las mías), el modestamente me respondió que no tenía nada que hacer esa noche.
     Realmente había perdido la fé, eran pasadas las 3 A.M. y no habían indicios de él. Tenía la mirada cansada. Sonaba alguna canción de electrónica que claramente no podía descifrar cuál era (todos la cantaban de memoria). Desentonaba entre la multitud, todos borrachos y yo sobria de expectativas. De repente el tumulto de gente se expande. Tenía un vaso de cerveza en la mano, una campera gris oscura, los ojos chinos y la sonrisa grande. Solo eso basto. Ella sabía que él la estaba buscando. Él se acerco decidido y sonriente, como siempre, de esa manera alegre que ella tanto adoraba.

                 - ¡Por fín! - Rodeó su cuello con el brazo derecho, y la besó, sin vueltas ni titubeos. No hay detalles que acotar, solo como le temblaban los labios al haber hecho contacto con los suyos. Como el pecho de él se había calentado a pesar del frío. Y de repente las personas se desvanecieron en la sala, y la música era solo una melodía de fondo. Y se besaban, apasionadamente, sin decirse nada, porque en realidad lo que callaban había quedado expuesto a la hora de que sus labios se tocaron. Se habían encontrado después de tanto buscar.

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