Nunca experimente el miedo de que alguien me pidiera ser la novia. Nunca nadie me regaló un oso de peluche gigante, tampoco cajas de bombones o rosas. Si me dedicaron canciones, fueron de las malas, porque no las recuerdo con cariño. Nunca nadie me dijo que se la iba a jugar por mi. Nunca me sentí tan sola al mirarme al espejo y saber que lo único real aquí era la soledad que me rodeaba, densa y oscura. A veces me siento tan pérdida en mi misma, tan pérdida de la mirada de los otros, tan menos yo, tan sociedad y no individualidad.
Nunca abrí por completo mi corazón luego de que me rompieron el alma, tampoco las piernas, tampoco los brazos, siempre estrechando una barrera a mi frágil persona, hecha de cristal y risas.
Pero aquí estoy, más enamorada que nunca, más menos sola que antes, más completa, más, ¡mucho más!...
- ¿Queres ser mi novia?
- ¿Qué?
- Si queres ser mi novia, colgada.
No respondí, apenas tenía aire suficiente para besarlo, apenas podía contener la euforia que se expandía por mi cuerpo como un virus, tomando control de mi cabeza, hirviendo la sangre como una pava. El me quería a mi, realmente el quería estar en su totalidad conmigo, realmente ya no estaba sola, y el chico de labios voluminosos y rosáceos, con sus ojos color Esmeralda, me habían captado la esencia por completo.
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